No dejen de joder con la pelota

Por El Dingo - 3 de Septiembre, 2005, 19:48, Categoría: General

Dios los hace y Boca los junta ¡en Bogotá! El Bostero Serrat, Guillermo, ídolo del club y fan del catalán, y el Coco Basile, DT y amigo del Nano. Música, maestros.
Serrat, Joan Manuel, desayuna en el piso 17 del hotel Intercontinental Tequendama. El miércoles había tocado en Medellín y el jueves, en esta ciudad, como parte de una gira llamada 100x100, en la que celebra su mejoría de un cáncer que lo tuvo alejado de la música. Falta menos de media hora para que emprenda nuevamente viaje, esta vez rumbo a Manizales. Boca, a las 10 de la mañana, duerme casi por completo un piso más abajo. Luego de ganar la Recopa, hay descanso hasta tarde. Serrat deja el salón comedor, aún en pantuflas, y aunque tiene fama de tipo difícil, por su simpatía por Boca, acepta la propuesta de los enviados de reunirse con Alfio Basile y Guillermo Barros Schelotto, técnico e ídolo. "Ya me tengo que ir. Voy a armar las valijas, pero vuelvo en 20 minutos. No hay problema", advierte. Su cuarto, el 1705, es el más exclusivo del hotel.

Ante un llamado a la habitación que sirve de despertador, Cagna avisa que Guille, su compañero de pieza y el más fanático del plantel del cantautor español, ronca de lo lindo. "No lo puedo levantar", dice. Hay que insistir. Diez minutos y un nuevo llamado. Pero Cagna no logra hacer reaccionar a su socio. Es duro el mellizo... El otro fanático reconocido es Basile y también se encuentra en su cuarto.

—Coco, ¿estás durmiendo?

—No, escribiendo. ¿Qué pasa?

—Serrat ya se va, le propusimos un encuentro con gente de Boca y aceptó. Además, dijo que te conoce...

—Ahora subo a tomar un café.

Así como Basile y Guille son fanáticos del Nano, él lo es del fútbol. Nacido el 27 de diciembre de 1943 en Barcelona, nunca ocultó su fanatismo por el Barsa ni por Boca, a partir de un enamoramiento que tuvo con el equipo de Alfredo Di Stéfano que ganó el Nacional 69. Va a la cancha, participa en partidos benéficos con viejas glorias y estuvo a cargo del himno del Barcelona en la fiesta del Centenario de ese club. Es profundo admirador de Kubala, pero pone por encima a Di Stéfano (símbolo del Real), Pelé y Diego. Por eso, aunque les escapa a las notas, se presta a ésta.

Basile, acompañado por el Panadero Díaz, enseguida se ubica en una mesa de un salón especial del piso 17. Espera que le acerquen el café. Guille, con los ojos rojos y una cara de dormido que justifica lo difícil que resultó sacarlo de la cama, asoma por el ascensor. "Voy a Internet a hacer tiempo", explica. No pasa un minuto y Serrat vuelve. "¿Dónde están?", pregunta. Y hace los 100 metros por el pasillo hasta llegar al lugar en que se reúne Boca. No bien entra, por tener la mesa enfrente, lo ve al Coco. El abrazo, profundo, es de dos personas que se conocen.

"Eh, a Joan Manuel yo lo vi muchas veces. En 1989 lo fui a ver a Córdoba, en el hotel Crillón, también a Mar del Plata y la última vez que estuve con él fue en Madrid, en 1995, cuando yo dirigía al Atlético. Hay una relación que se formó por intermedio de Menotti... El Flaco lo conoce del ambiente. Es un ídolo de nuestra época", cuenta el técnico, quien casualmente tiene la misma edad que el español: 61.

Se abrazan una vez, dos, se palmean. "¿Cuánto tiempo ha pasado?", le dice Serrat. "¿Cómo estás, Joan Manuel? ¿Hacés un show en Bogotá?", le pregunta Basile. "Anoche, ahora voy a Manizales, donde Boca jugó el otro día. Vi el partido", contesta. "¿Y cuando cantás sentís la altura? A nosotros nos afectó mucho", interroga el DT. Y Serrat, sin saber que el Coco venía insistiendo con que los 2.200 metros sobre el nivel del mar habían atentado contra su equipo, devuelve: "No, la verdad que no". Glup.

Guillermo sigue sentado frente a una compu. Es tímido para estas cosas. "Nunca pude ver un show de él en vivo. El que lo conoce es mi hermano Gustavo, que en un recital en Buenos Aires entró a su camarín a través de la hija de Delmar, el ex presidente de Gimnasia", cuenta. Y recién cuando Serrat va hacia él, se levanta. Emocionados, se abrazan. "¡¿Cómo no voy a conocer a Guillermo?!", exclama el cantante. Y pregunta: "¿Dónde está tu hermano? ¿No juega más? ¿Por qué tomó esa decisión?". Guille le explica que "si consigue un club, en diciembre vuelve a jugar..." Feliz por el encuentro, luego hablaría de eso en varias radios.

Para la producción fotográfica se suma el Panadero Díaz, jugador del Atlético de Madrid a mediados de los 70. "¿Lo conocés? El estuvo en Madrid", pregunta Basile. "Claro, cómo no, pero es colchonero". "Sí, en el 74 le hice un gol al Barcelona en el Camp Nou", se agranda el Pana. Y el Coco lo frena: "Eh, lo hiciste en offside". La foto, los cuatro juntos, es un recuerdo tan valioso para unos como para otros. "Gracias, gracias", dice Serrat, satisfecho con el encuentro y con el equipaje listo para ir al aeropuerto. Y el Panadero, hombre fiel a Basile, silencioso o de pocas palabras, pregunta: "¿Nos podrán conseguir la foto con Serrat?".
 
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