Boca dio espectáculo en el cierre
de su gira por México con una goleada a Tigres. Jugó el fútbol que le gusta al
Coco, que se fue feliz con lo que habría sido su último partido.
Cómo
imaginaba una despedida de Alfio Basile? ¿Con pañuelos y lágrimas? ¿Entre
sermones y sollozos? Pero por favor... Su equipo, ése que modeló a gusto desde
su primer día en Tandil en el invierno de 2005, ése que reencauzó por el sendero
del éxito con una marca de buen juego, ése que se convirtió en récord de récords
al ganar los cuatro torneos que jugó en una temporada, le regaló a su creador un
adiós con todos los honores. Con la alegría del fútbol que al Coco más le gusta.
Con fidelidad extrema al estilo que el técnico predicó toda su vida y que ahora
quiere llevar a la Selección. Su salida definitiva, por supuesto, está atada a
la cumbre de mañana entre los capos de Boca y la AFA (ver pág. 6), porque ahora
todos los quieren, pero seguramente Basile ya está hecho. En Boca logró hasta
tener una despedida soñada.
En el cierre de una gira que tuvo más
vaivenes afuera de la cancha que adentro, por todos los dimes y diretes que
generó la situación del DT, el equipo del Coco redujo a Tigres a un inofensivo
gatito. Se aprovechó de sus alarmantes desajustes defensivos. Se abusó de esa
fragilidad y de esas facilidades que le entregó un rival en pleno ablande de
pretemporada. Y en media hora liquidó el último amistoso del tour con ráfagas de
alto vuelo. Con un fútbol que el propio Coco, tal vez hasta nostálgico, aplaudió
de pie. Como cuando Palacio cerró esa joyita que fue el tercer gol con un
cabezazo perfecto.
Pero el aplauso, en realidad, fue un reconocimiento
para todo el equipo. Porque Boca arranca la última semana previa al torneo
lanzado. Con Bobadilla, que mostró la garra guaraní en varias intervenciones
precisas, cómodo con esos guantes que dejó el Pato. Con Marino, gol y casi gol,
cada vez más dueño del puesto que abandonó el Pocho Insúa. Con Ledesma, dos
pases gol y despliegue en el medio a la hora de recuperar, confirmado como rueda
de auxilio de ese medio de luxe que integran Gago y Battaglia. Con un Palacio
recuperado con goles. Con Dátolo insertándose de a poco en el nuevo mundo. Y con
un Guillermo, el viejo ídolo, el que tuvo poco ruedo en el último año y quiere
recuperar el tiempo perdido, que mamma mia (ver pág. 7)...
¿Quién
conducirá a partir del martes a este equipo que busca su primer Tri? El Coco u
otro afortunado. El que sea, puede soñar. Porque Boca está afinado, con los
motores encendidos y, otra vez, va por todo... Con el técnico que
sea. |