El equipo de Basile no jugó bien, pero
ganó 2-1 como visitante y suma nueve triunfos consecutivos. Los goles los
marcaron Krupoviesa, de tiro libre, y el Cata Díaz. Cuando faltaban cinco
minutos descontó Garcé para los rosarinos, que ya jugaban con diez por la
expulsión de Rivarola.
Segundo de los seis capítulos que tendrá el romance de
Coco Basile con Boca en este Apertura 2006, antes de partir para dirigir la
Selección. Sin sobresaltos, y como a él le gusta, se repetía la formación que le
ganó en La Bombonera a Banfield, en el debut. De paso, buscaba llegar a las
nueve victorias en forma consecutiva, y acercarse al récord de 13 partidos
ganados seguidos, que ostenta el San Lorenzo del ingeniero Pellegrini.
En las filas del rival de turno, Central, que lo esperaba en el Gigante
de Arroyito, el panorama estaba lleno de problemas: a la escandalosa salida de
Astrada pocos días antes de la primera fecha, había que sumar los cambios
obligados de Ronald Raldes (lesionado) y Cristian González (suspendido) y
Emiliano Papa (transferido a Vélez).
Gorosito dispuso cinco
modificaciones respecto del equipo que perdió ante Belgrano en Córdoba. Alvarez
entró por Castellano en al arco. Tampoco fue de la partida Vitti, su lugar fue
ocupado por Alemanno. Encina entró como enganche por El Kily. Además,
Pipo improvisó a Damián Ledesma (usualmente volante) como segundo central y a
Andrés Díaz, como volante por izquierda, en lugar del mencionado Papa. Dos
jugadores diestros por izquierda, de antemano, suponían una debilidad
por ese sector, que Boca podía explotar.
Sin embargo, en los primeros
minutos el que tuvo la pelota fue el local, que presionaba bien en la salida de
Boca provocando errores para arrancar rápidamente con un Encima muy movedizo. El
equipo de Basile llegó por primera vez con pelotas paradas, una desde la
izquierda, envío de Krupoviesa, y otra desde la derecha, centro de Marino:
ninguna de las dos generó peligro. Pero empezó a adueñarse de la pelota pasados
los primeros diez minutos, principalmente porque Gago se enchufó y encontró
socios en Marino y Cardoso para la descarga, o en las subidas de Krupoviesa e
Ibarra. Ordenado en defensa, el equipo de Basile sólo se vio sorprendido por dos
pelotazos cruzados, uno de ellos, el de Encina, que Marco Ruben no pudo conectar
y Bobadilla sacó al corner.
Encina siguió complicando a la defensa
visitante. Se tiraba por izquierda o por derecha. Aparecía por el centro:
siempre con mucha movilidad. A los 18 le ganó a Krupoviesa y sacó un
centro para la tijera a quemarropa de Alemanno: el arquero paraguayo
volvió a lucirse. El enganche era el único que entendía la forma de lastimar a
Boca. Los demás intentos se diluían en centros intrascendentes.
Los
visitantes llegaron con peligro por primera vez a la media hora. Palermo no
alcanzó a conectar un centro de Palacio desde la derecha. El rebote le quedó a
Marino en el borde del área y su remate se fue apenas por encima del travesaño.
Muy poco para el gusto de Basile. Muy poco para lo que Boca suele
generar. La primera mitad del partido fue discreta, más bien pobre.
El juego transcurría casi siempre por el medio. Muchas faltas, muchos roces y,
sobre todo mucha actitud para destruir el juego rival en lugar de generar el
propio. Un partido parejo, trabado, muy luchado y, sobre todo, sin grandes
emociones.
Mejoraron las cosas en el arranque del segundo tiempo.
Palacio tuvo dos chances seguidas de entrada. La primera la tapó muy bien el
arquero Cristian Alvarez, la segunda terminó en la red, pero el delantero estaba
adelantado. El partido seguía cerrado y no fue de extrañar que se abriera con
una pelota parada. Andrés Díaz lo bajó a Palacio muy cerca del área. Krupoviesa
se encargó del tiro libre con un zurdazo fuerte y bajo que descolocó al arquero
rosarino. Y encendió la confianza de los jugadores de Boca. Encima,
Central tuvo que salir un poco más y dejar huecos que empezaron a explotar los
visitantes, fundamentalmente Palacio y Cardoso.
Sin brillar, pero con
todo el oficio del campeón, el equipo de Basile enhebraba su novena victoria
consecutiva. Los locales iban insistentemente hasta el área de Boca, pero no
encontraban la llave para abrir el candado que proponía la defensa visitante.
Las jugadas se diluían en centros intrascendentes y poco precisos. Pocas
ideas. Encima, de otra pelota parada llegó el segundo gol visitante. Centro
de Krupoviesa y El Cata Díaz puso la punta del botín para mandarla a la
red. Por su pasado en Central, no lo festejó.
Sobre llovido
mojado, enseguida Central se quedó con diez por una patada descalificadora de
Rivarola a Gago. El equipo de Gorosito era pura impotencia y algunos de sus
jugadores empezaban a perder el control. Baldassi tuvo que sacar la tarjeta
amarilla varias veces. La hinchada local empezó a impacientarse y a tirar cosas
a la cancha. Ni siquiera el descuento de Garcé sobre el final –otro gol de
pelota parada- alcanzó para tranquilizar la furia rosarina. Que se hubiera
apagado si Wanchope no se devoraba el empate, sólo, debajo del arco, en
el último minuto de un partido más peleado que jugado.