Si no puede con fútbol, Boca pone
el corazón. Con eso y dos bolas paradas de Krupo, le ganó a Central y sigue
arriba.
Rompió
todo con esa bola venenosa de Krupoviesa: el partido, hasta ahí chato; las manos
del arquerito Alvarez, que a Central igual lo salvaron en varias; la noche
aburrida, la paciencia de los rosarinos, que están a punto de explotar en sólo
dos fechas y con razones atendibles; las gargantas de los miles de hinchas
propios que se acercaron de todos lados.
Boca, de memoria, por oficio,
de paciente, por costumbre, y también con algo de eso que los campeones deben
tener, rompió el molde del 0-0 con esa pelota serpenteante y se volvió a Buenos
Aires con la punta apretada en un puño. Con la sonrisa ancha y, como si no le
sobrara tranquilidad a esta dulce despedida, hasta con la medallita de haber
mejorado los dos arranques anteriores en torneos locales de esta era Basile.
Pucha que lo van a extrañar al Coco...
En el Gigante no hubo floreo como
en el debut ante Banfield, pero al equipo le sobró corazón para pelear en cada
rincón el partido que le propuso Central y, sobre todo, paciencia para esperar
que cayera la manzana. De este choque de técnicos de los llamados ofensivos, que
pensaron el partido parecido y lo ejecutaron con mucha gente para lastimar,
curiosamente salió un choque con más infracciones que pases correctos y con más
amonestaciones que jugadas de peligro. Al punto que de tanto mostrarla por aquí
y por allá, en una, a Baldassi se le perdió la tarjeta y tuvo que pedirle una
prestada al cuarto árbitro... Así las cosas, Boca primero lo peleó ahí donde le
dio batalla Central. Le llevó un tiempo largo controlar a Encina, retacón,
morocho y más parecido que nunca al Negro Palma en esa primera media hora, pero
esperó que se asentara Gago y que el local levantara la autoestima del paraguayo
que vino a hacer olvidar a Abbondanzieri, y después sí tomó cartas en el asunto.
En la primera jugada con olor basiliano que construyó Boca, con seis toques
seguidos, Palacio terminó de frente a Alvarez. Y de la infracción que detuvo al
delantero, justamente, vino el gol que cruzó un área con más piernas que la
peatonal de Rosario un sábado a las siete de la tarde. Atravesó todos los
obstáculos y los corazones locales. Es así: Boca, a la corta o a la larga, te
atraviesa... Por eso, cada fin de semana sueña más despierto con el primer tri
en su historia profesional.
Si algo más podía pedir el Coco es que el
adiós fuera similar a esto que está viviendo en sus últimos días de Boca. Con
triunfos para insertar las piezas nuevas, como Cardozo, que está aprendiendo a
correr y a pensar al mismo tiempo; como Marino, que por momentos parece que
arranca pero aún no despega... Con actuaciones como la de Bobadilla, que sirve
para acelerar la adaptación y sumar confianza. Y, sobre todo, con la punta del
Apertura en las manos mientras de reojo todos miran con fe la Recopa con San
Pablo. Porque la idea es cerrar con un moño este año
dorado.