Gago es un 5 distinto: juega mucho. Por eso lo
quiere el Madrid, por eso le dan duro. El está molesto con los golpes pero no
chilla.
Me tengo que acostumbrar a jugar con marcas. Y más
de visitante". Fernando Gago parece haberse resignado a tener que convivir con
una situación que antes, tal vez, jamás hubiera imaginado. Entiende que,
partidos como los del sábado en Rosario, lo obligan a un nuevo desafío personal.
A tener paciencia para armar juego y a bancarse alguna que otra patadita. Claro
que, contra Central, fueron varias. Y muchas al límite.
Está claro que
Gago no quiere autoproclamarse como víctima ni "llorar", una actitud que los
códigos del fútbol suelen castigar. Por eso, prefiere no hablar del tema. Pero
otra vez se trajo recuerdos de Rosario, y no de los mejores. Ante Central, lejos
de ese juego distinto que propone para su función, estuvo expuesto al roce, al
club de la pelea y a una cantidad de faltas recibidas no comunes para un volante
central. El lo sabe. Y está molesto porque cree que no fue casual, que de alguna
forma lo fueron a buscar.
¿Por qué a él? El desarrollo del juego, áspero, de presión, pudo haber tenido
su influencia para que Gago recibiera su parte. "Me sorprendió que tuviera un
hombre encima. Por eso, traté de ganar espacios tirándome a los costado", contó
ayer en La Ultima Palabra, por Fox Sport. Sin embargo, algunos cruces fueron
fogoneando los duelos personales. Y el cinco fue uno de los blancos del rival.
Leonardo Borzani lo bajó con dureza dos o tres veces. Taparlo era una de sus
funciones. Porque Central buscó apretarlo con Encina primero, y con él, después.
Pero casi todos esos cortes fueron al límite. Y la patada de Rivarola, a
destiempo, sin pelota (fue roja), fue otra muestra de que estaba en la
mira.
Sin embargo, Gago también parece enfurecer al rival por sus
características. Es un cinco distinto, que corta, juega mucho y bien, y que si
pasa la línea de volantes, lastima. Eso, más su estilo (tanta es su calidad que
a veces parece sobrar algunas acciones), su juventud y su talento, también
generan que se le vayan al humo. En poco tiempo, fue un boom: se consolidó como
titular, se lo menciona para el Real Madrid, para la Selección y los DT
adversarios empezaron a prestarle tanta atención que ya es habitual que le
destinen una marca.
Lo otro pasa por su personalidad Juega muy
bien y tampoco se esconde: se planta. No es un cinco violento (tiene 14
amarillas en 60 partidos y nunca lo echaron), pero es guapo. Y eso provoca otro
tipo de choques con los rivales, como sucedió con Coudet (discutieron porque el
de Central bajó a Krupo y le recriminó que había exagerado). Ya le había pasado
en el 2005 también en Rosario, pero con Luciano De Bruno, frente a Tiro Federal.
"Ese pibe te mira como rebajándote", lo acusó. Y él defendió: "Los que me
conocen saben cómo soy. No cambié", dijo. Ayer mantuvo esa postura: "No le falto
el respeto a nadie". Y jura que no sabe por qué se la agarran con
él.
"Le pegan porque juega bien", sostienen sus compañeros. Tal vez
sea sólo eso. Quizás, situaciones ocasionales de un partido. En una de ésas, una
búsqueda que continurá... |