Ahora sí, se despidió de Boca. Fue, por
lejos, el hombre más ovacionado de la tarde. Dio la vuelta olímpica. Levantó la
Recopa. Y se emocionó en serio.
Apenas coronada la vuelta olímpica, a un costado de la mitad de la cancha, a
un puñado de pasos del túnel y frente a la platea, Hugo Ibarra le entregó a
Alfio Basile el trofeo conquistado en San Pablo y algo más, mucho más. En ese
instante, a las tres menos cuarto de la tarde, el capitán le cedió al técnico
que se despedía los derechos exclusivos de las emociones del domingo en la
Bombonera.
Coco, entonces, levantó la Recopa bien arriba. Y el
estadio pareció adquirir vida. Es real que tiembla: se sacudió. Hubo una
sucesión de estribillos repletos de agradecimiento y cariño para ese hombre que
hace algo menos de un año soportaba que le lanzaran hielo para el
whisky, en aquel 1-4 ante Arsenal que él mismo cerraba pronunciando la
frase "silenzio stampa", que simbolizaba una crisis con dudoso
epílogo.
En su último día en la Bombonera, 50 mil locos por Boca
coincidieron adorando al señor corpulento, de vozarrón único, amante del barrio,
del café, de los amigos, de sencillos conceptos futboleros, vacío de
rebusques.
"Olé, olé, olé, olé, Cocooo Cocooo...", gritaban.
"Y dale Coco dale dale Coco...", repetían. "Vení vení cantá
conmigo; que un amigo vas a encontrar; de la mano de Alfio Basile; todos la
vuelta vamos a dar", insistían. "Coco no te vayas; Coco vení; quedate a
ver a Boca; te vas a divertir; Coco no te vayas; Coco vení; quedate a ver a
Boca; te vas a divertir", gozaban. "Coco, querido, La 12 está
contigo", adherían.
Antes quien ahora sólo es técnico de la
Selección había dado la vuelta olímpica caminando. Había saludado con los brazos
en alto y juntando las manos. Se había secado algunas lágrimas que no se vieron
brotar por esos anteojos oscuros, tal vez elegidos para que el planeta no lo
observara llorando por TV. Y había visto varias banderas con leyendas para
coleccionar en su memoria, aunque una actuaba como paradigma: "Coco, gracias
por tantas alegrías". Tenía razón ese trapo. Era el reconocimiento
merecido al DT-récord que atrapó los cinco títulos que disputó: Apertura, Recopa
y Sudamericana, en 2005; Clausura y Recopa, este año.
Una vez que Pedro
Orgambide —presidente de la mutual de ex jugadores del club— le entregó una
plaqueta y un Rolex, a las tres menos diez, Basile se metió en el túnel. Pasó
por el vestuario y dejó algunas frases en el camino a uno de los palcos. La
primera: "Soy un duro, pero todo esto me conmovió".
—Pero vos
habías dicho que sos un tierno.
—Bueno, bueno... Pero eso es en otras
circunstancias.
—¿Cómo calificás a este día?
—Es uno de los
días más importantes de mi carrera.
Enseguida, viajó de los momentos más
excitantes en Boca a los más dramáticos. "La última vez que me emocioné así fue
en la Sudamericana, cuando ganamos con el penal del Pato
Abbondanzieri", puntualizó.
—¿Y de lo negativo también te acordaste
hoy?
—Sí, pero lo tiro a la basura.
—¿Cómo le irá a La
Volpe?
—Le deseo el mismo éxito que tuve yo. Le va a ir bien seguro.
Esto es una continuidad.
—¿A este equipo, entonces, hay que dejarlo
caminar?
—No comment. Bye, bye.
El hombre del
spanglish se fue a mirar los 90 minutos con el vice Pedro Pompilio. Y
no sólo se llevó toda la gloria. Con él también se fueron las emociones totales.
Es que ya nada fue como era. Boca empató con el modesto Godoy Cruz y no logró el
objetivo planteado: ganar para igualar el récord de 13 victorias consecutivas de
San Lorenzo. La pelota lo había resuelto cuando Ibarra le entregó la Recopa a
Basile. Este domingo, como era el último de Coco en la Bombonera, no
aceptaba copropietarios. Era de Basile. Sólo
suyo.