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Para él, la fama no es puro cuento: gritó el 7º
gol en tres partidos seguidos: uno a Olimpo, de penal; cuatro a Banfield, el
domingo, y dos anoche, que lo acercan más a su sueño dorado. Y que reafirman el
gran momento del goleador próximo a cumplir 34 años. Pero, en Boca, además de
disfrutar sus goles, a Martín Palermo lo asocian con las cuestiones de
marketing. Sólo así se entiende ese cartel blanco con números negros que
apareció en el palco del ex tesorero Orlando Salvestrini, que decía -en inglés-
Palermo' countdown (la cuenta regresiva de Palermo) e iba del 13 al 0. El propio
dirigente tachó dos números con un marcador cuando el Titán convirtió sus goles,
uno en cada tiempo.
La realidad indica que Palermo tiene 169 goles y está
a 25 de igualar la marca de Pancho Varallo (a quien, en Boca, no le computan los
14 goles que convirtió en Copas). Pero sigue 4º en la historia del club, detrás
de Roberto Cherro (220), el citado Varallo (194) y Domingo Tarasconi
(189).
El optimista del gol -Bianchi dixit- jugó el partido enchufado,
más dinámico que de costumbre, con mayor participación en las jugadas. De
entrada, recibió una ovación cuando se tiró al piso trabando una pelota y
revalidando que el romance con la gente es irrompible. Avisó cuando Rogerio Ceni
le sacó ese misil a quemarropa. Y concretó como un calco del primero que había
hecho el domingo, metiendo el cabezazo (Miranda se quedó clavado) entre el
arquero y el palo, tras un centro de Morel. En el segundo, se repitió la
historia: el centro fue de Cardozo y el cabezazo del Titán (pagó
Richarlyson). Y la fiesta que parecía completa. Parecía... Porque Borges,
al final, se la enfrió. A Palermo y a Boca. |